Migrante

José no sabía nadar. A pesar de haber nacido en un país con abundantes fuentes de aguas, esa nunca fue una de sus destrezas: por eso, la vez que emprendió el viaje rumbo a la frontera mexicoestadounidense, cargó su mochila con un salvavidas y una pequeña bomba de aire que le facilitaran cruzar el río Bravo. Había escuchado tantas historias que no quería llegar a ser parte de las estadísticas.

Dejó el país porque, con el gobierno dictatorial, la fragilidad de los derechos humanos y el desplome de la economía, no era fácil trabajar o vivir. Terminó una carrera universitaria, pero eso no era garantía si no se tenían influencias. La mejor opción era abandonar la patria y buscar fortuna en otro lado. Al no tener dinero vendió lo poco que poseía y de alguna manera cubrir los gastos de la travesía.

Para su desgracia, fue atacado y despojado de sus pertenencias. El percance no lo hizo retroceder.

Sobrevivió al asalto, pero no al río.