Interiores

Elena llegó a pensar que su vida era perfecta. Ella y su esposo tenían buenos trabajos, la hipoteca de la casa estaba al corriente y sus dos hijos adolescentes no eran problemáticos. No obstante, siempre tuvo la sensación de estar viviendo algo irreal, como si tanta dicha fuera solo un sueño o solo culpa de quien no lo merece.

          Idílico hasta el instante en que recibió los resultados de la mamografía. Después de tantos años su marido llegó a comportarse igual que un extraño. Fue directo al decir que no quería vivir con una enferma y se marchó.

          Ese día la mujer murió dos veces. Su médico intentó calmarla. Le dijo que todo saldría bien, pero eso a Elena no le preocupaba. Aquella era una batalla que estaba dispuesta a pelear por muchas razones. Lo que le dolía era darse cuenta de que hay tumores malignos que conviven con las personas, sin hacerse notar, y te consumen poco a poco o de una vez.

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