El suéter

Matt tomó el suéter que colgaba de un gancho improvisado. La prenda tenía varios días de estar ahí y al no ser reclamada era fácil pensar que había sido olvidada. No era extraño que eso pasara. Muchos trabajadores temporales llegaban por un par de días y no regresaban. A la mayoría de estos no les gustaba lo pesado del trabajo. A la hora de renunciar lo hacían a prisa y a veces no recogían todas sus pertenecías.

El suéter lucía viejo y con algunos hilos de telaraña adheridos, lo que hacía pensar que llevaba tiempo ahí.

Matt lo tomó y se embutió en él. Afuera el frío era intenso y las olas gélidas se sentían en el interior de la bodega, en especial en el área de los comedores donde desempeñaba su nueva faena.

Matt tenía poco más de un año laborando en el lugar. Después de estar en prisión algún tiempo, por posesión de sustancias prohibidas, logró salir de la cárcel bajo probatoria. Era un tipo de baja estatura, pelirrojo, barba cerrada y tatuajes en los brazos. Le gustaba esa compañía, aunque por el momento no perteneciera a ella. Esperaba ser admitido como empleado regular en la próxima apertura.

 Matt no le temía a trabajo, lo veía igual que ir al gimnasio. Descargaba contenedores y era capaz de vaciar hasta tres cajas metálicas en una jornada de ocho horas. La mayoría de las veces llevaba camiseta y short. La actividad de cargue y descargue era intensa. En pocos minutos entraba en calor y transpiraba, así la temperatura fuera baja.

El encargado de la agencia, al ver su desempeño, lo llamó aparte y le propuso el trabajo de mantenimiento. Básicamente consistía en limpiar los baños, los comedores del almacén y lugares cercanos al área . Sería solo por un tiempo, mientras el responsable de tales tareas regresaba de sus vacaciones.

Matt aceptó de inmediato. No acostumbraba a discutir las asignaciones. Desde el primer día se dedicó a mantener los espacios señaladas en excelentes condiciones. Para él esa faena no resultó ser era tan rápida como la desarrollada dentro de los contenedores. Con el cambio de clima comenzó a sentir frío. Al vestir ropa ligera se le hizo urgente agarrar el suéter raído y protegerse un poco.

No pasó mucho tiempo antes de que apareciera el supervisor de la bodega. Llegó acompañado de una trabajadora.

—Ese es mi suéter —dijo mientras señalaba la prenda que Matt se había puesto.

—¿Cómo sabes que es tuyo? —preguntó el supervisor.

A lo que la trabajadora dijo que este tenía una quemadura de cigarro en una de las mangas. Ese hecho fue constatado de inmediato.

—Yo no he dicho que sea mío. Me estaba congelando y por eso me lo puse. Ya tiene días de estar ahí, pensé que no tenía dueño.

En ese mismo instante llegó el encargado de la agencia y lo acompañó hasta la puerta de salida.

Al día siguiente, cuando la gente preguntaba por Matt, contaban el incidente y de cómo la compañía había perdido a un buen trabajador por culpa de un suéter viejo.

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